Por Santiago Aguirre
El festejo del Bicentenario dio para todo. Desde excelentes presentaciones de músicos e imponentes exposiciones artísticas, hasta hechos indeseados como ver a un hombre de la fuerzas del orden robando una cámara a un niño de 11 años indefenso. El feo –y por qué no surreal- momento tuvo lugar en los festejos oficiales por los 200 años de la patria, realizado en la intersección de las calles 9 de julio y Corrientes, frente a ese enorme monumento llamado Obelisco.
Cuando promediaba la jornada, la familia Aguirre se divertía fotografiando los momentos pintorescos de la noche, como la presencia de representantes de la comunidad nativa de nuestras tierras o distintos ángulos de la fachada del teatro Colón reabierto un día antes. Pero, de un momento a otro, lo que era una noche de placer y espíritu festivo se terminó de golpe por una acción asombrosa que no destaca por su nobleza sino por su inmoralidad. No es del todo extraño que en medio de una inmensa multitud se produzca un robo, pero sí lo es que no sea un ladrón el autor del atraco sino la persona que debería evitarlo, un policía.
Según comentaron a No Publicable fuentes presenciales del acontecimiento, el oficial, que portaba una campera que decía ‘Seguridad’ aprovechó el descuido del menor integrante de la familia Aguirre, disperso por en un tumulto de gente, para robarle impunemente la cámara de foto.
“En un abrir y cerrar de ojos la cámara fue manoteada bruscamente por el uniformado de aproximadamente cuarenta años con pelo de color gris y gorra negra”, comentó un testigo, que prefirió la confidencialidad.
De nada sirvió el grito desesperado del niño ni la indignación de su madre, que tras el hecho intentó remontar la jornada proponiendo una cena en un restaurante de la zona. Pero ni siquiera eso levantó el ánimo de la familia, que muy decepcionada optó por retornar a su casa.
Con la colaboración de Lautaro Bravo
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